Las emociones en el lugar de trabajo

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Las emociones en el lugar de trabajo

Category : Empresa , Recursos Humanos

El estudio de las emociones en el trabajo es un campo de conocimiento relativamente nuevo para la administración. Durante mucho tiempo, la racionalidad fue uno de los postulados básicos de la gestión efectiva. Para alcanzar de la mejor manera posible sus objetivos, las organizaciones debían ser capaces de instaurar un entorno de trabajo “libre de emociones”. Éstas eran un factor perturbador, negativo, que interfería con la eficacia y la eficiencia. Las personas debían ser un “engranaje” más de estas “máquinas” perfectas que pretendían ser las organizaciones.

En la actualidad esta visión está cambiando. No sólo ha quedado claro que la razón y las emociones no se pueden escindir en las personas (son algo inherente a su naturaleza), sino que además se está empezando a entender que no todas las emociones son malas. Muchas de ellas, correctamente gestionadas, pueden tener un importante impacto en el desempeño. Las emociones no interfieren con la razón sino que la complementan. Al proveer información contextual clave (facilitando los procesos perceptivos que nos ayudan a entender el entorno), permiten optimizar los procesos decisorios. Un gerente no decide mejor si actúa de una forma totalmente racional. Todo lo contrario: las emociones mejoran la calidad de las decisiones tomadas.

Por último, el liderazgo y las emociones también están fuertemente vinculados. Los líderes más efectivos son aquellos que logran articular una visión empresaria consistente y transmitirla a sus subordinados con claridad y convicción. Para ello, es clave la presencia del componente emocional en todos sus mensajes. Los discursos de los mejores líderes son aquellos que emocionan, que tocan el corazón y que, desde ese lugar, motivan, generan aceptación y facilitan los procesos de cambio.

Queda claro entonces el rol crucial que juegan las emociones en la gestión. ¿Cómo puede hacer entonces un gerente para administrarlas adecuadamente, de modo que impacten positivamente en el desempeño? Algunas recomendaciones pueden ser:

– Asegurarse de que cada vacante sea ocupada por la persona correcta. En una selección, los puestos de mayor demanda emocional (aquellos que implican un mayor grado de relaciones interpersonales) deben cubrirse con personas que tengan un elevado grado de estabilidad emocional (un estudio psicológico puede determinar esto con facilidad).

– Tomar medidas para mantener el estrés en el trabajo en niveles funcionales para la organización. Superado determinado límite, el estrés puede convertirse en una fuente importante de emociones negativas y malos humores permanentes.

– Adoptar un estilo de liderazgo que, además de enfocarse en la correcta realización de las tareas, no deje de considerar a las personas y sus sentimientos. Entender qué les sucede a los empleados, las causas de ello y promover un clima laboral ameno, en donde el buen humor sea la pauta, es un aliciente importante para el desarrollo de emociones positivas y funcionales.

– Por último, demostrar aprecio y agradecimiento por el trabajo de las personas. Puede sonar algo trillado, pero no por ello es menos eficaz. Las recompensas intrínsecas proporcionan estímulos clave para reforzar los estados de ánimo positivos y mantener elevados niveles de motivación.

Las personas no son máquinas, esto está claro. El “combo” que se compra al contratar personal incluye un amplio espectro de emociones y sentimientos. En consecuencia, aprender a gestionar adecuadamente estas variables es una necesidad ineludible para cualquier gerente exitoso.
Lic. Federico Scorza